Desde mucho antes de que se desatara la crisis económica que ha recorrido al mundo sabíamos que el humo lanzado a la atmósfera en China, lo respiran también los europeos; y que una fábrica de vehículos consumidores de combustible de Detroit provoca una contaminación de la atmósfera y un aceleramiento en el agotamiento de las fuentes energéticas tradicionales capaz de afectar a todo el planeta y comprometer su futuro.
Sin embargo, la plena conciencia de que la economía especulativa y sin regulaciones, y el consiguiente deterioro de un ambiente que solo es visto como fuente de ganancias, estaba tocando los límites de su capacidad de resistencia, no logró detener, con la seriedad exigida, los modos de producción y consumo existentes ni las agresiones a la naturaleza.
http://www.tierramerica.info/nota.php?lang=esp&idnews=3473


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